Lunes, Octubre 26, 2009

La democracia enmudecida

Publicado en lanacion.cl por Álvaro Ramis, presidente de ACCIÓN, 26/10/2009

La candidatura de Sebastián Piñera suele acusar catastrofismo cada vez que se advierten las consecuencias que puede acarrear la concentración del poder de parte de su sector político. Junto con una probable agudización de la conflictividad social, un gobierno de derecha representaría un retroceso grave en la ya precaria libertad de expresión e información que vivimos. A la oligopolización de la propiedad de los medios se sumará la pérdida de algunos espacios que han permitido la expresión de voces independientes y ciudadanas. Se impondrá un modelo de democracia enmudecida, donde algunos tendrán el completo control de la agenda de debates y propuestas de país.

Esto ya es evidente en la prensa que apoya su opción electoral. Son evidentes los límites editoriales que imponen los diarios que favorecen a Piñera, con la inexistencia, irrelevancia e invisibilidad de conceptos o actores que no cuentan con derecho a ciudadanía en sus páginas. Hace poco el abogado Roberto Garretón intentó vanamente responder en La Tercera las opiniones del economista Sebastián Edwards sobre la necesidad de reformas a la Constitución. Para el editor de opinión de ese medio el tema constitucional ya no era de interés ni estaba en el debate. Fue necesario esperar a que la columna de Garretón apareciera en La Nación para poder contar con su punto de vista.

Tal vez podamos recordar que durante la visita de la Presidenta Michelle Bachelet a Holanda se produjo una polémica inexplicable a raíz de la comparación que ella realizó entre la casa de Anna Frank y Villa Grimaldi. En la ocasión el presidente de RN, Carlos Larraín, descalificó violentamente las opiniones de la Mandataria y a la vez trivializó las violaciones de los derechos humanos cometidas por la dictadura. Desde las ONG consideramos que sus palabras superaban los consensos democráticos construidos en los últimos años y requerían una respuesta clara y contundente. Al acudir a La Tercera para replicar se nos informó que ya habían solicitado a otra persona una columna sobre el tema. Al domingo siguiente Hermógenes Pérez de Arce aparecía ahí no sólo reafirmando los dichos de Larraín, sino criminalizando a las víctimas de Villa Grimaldi. Hace poco, a raíz de la polémica por el informe de Chile Transparente, La Tercera dio espacio a una opinión que intentaba mostrar que las incoherencias en el directorio de la institución eran una muestra de la irrelevancia de todas las ONG. Al reclamar el derecho a réplica, se nos informó que el diario no había contemplado esa posibilidad ante este punto.

Estos ejemplos, que son los que están a nuestro modesto alcance, podrían ser complementados por los que entre muchos otros actores podríamos recordar. Durante 17 años una de las violencias más abusivas que vivió el país no se ejerció en regimientos o campos de concentración. Se implementó en las reuniones de pauta de los medios, que les permitían recrear la realidad desde la virtualidad de quienes decretaban la vida o la muerte de palabras e ideas. Ésta es la amenaza que enfrentamos.

Los medios de comunicación chilenos han concentrado tal grado de poder económico y político que se han convertido en los grandes electores, por encima de los millones de ciudadanos que son inducidos a votar contra sus propios intereses. Para sobrepasar este riesgo es necesario desandar algunos supuestos que deben ser denunciados. La libertad de prensa no se puede identificar con la libertad de la propiedad. Tampoco es posible radicar en internet el surgimiento de las formas de comunicación alternativa, por más importante que resulte la teoría de la conectividad. Es necesario resguardar la existencia de medios públicos que garanticen la pluralidad de ideas y de actores que ingresen en el debate nacional. Se trata de avanzar hacia medios públicos, que permitan ejercer el contrapeso al mercado de la prensa comercial, anclada a los intereses de quienes monopolizan el poder de veto y difusión.

Este análisis no debería ser considerado catastrofista ni aterrorizante. Todos los antecedentes que manejamos respecto a la derecha chilena le dan coherencia. Hasta hoy nunca se ha visto la menor actitud de apertura al diálogo, al debate y al pluralismo en los medios que se identifican con ese sector. ¿Por qué deberíamos esperar que en un gobierno de Piñera las cosas vayan a ser diferentes?