10 de marzo de 2010

Los hunos a las puertas de Roma

“Pero lo aterrador, es que el clamor no sea NO MÁS DE LO MISMO y se reduzca a NO MÁS LOS MISMOS. Pero así están las cosas y me urge no saber de donde sacaremos capacidades políticas y sociales para demostrar que la barbarie del mercado no es otra cosa que el refinamiento de la desigualdad.”

La historia cuenta que estando Atila a las puertas de Roma, listo para saquear la capital del imperio, entre la niebla apareció el Papa Leon I y con la señal de la cruz en alto, evito que las hordas entraran a Roma. El imperio había sido vencido, el gesto del jefe de la iglesia sólo evitó el pillaje y el saqueo.

Si muchos chileno en los días posteriores al terremoto, sintieron miedo al pillaje yo confieso que hoy me siento como los romanos cuando los hunos estaban por entrar a la ciudad. Las imágenes de la Teletón, ese discutible evento solidario que pareció un acto de entronización del nuevo presidente, acentuaron mi convicción de que los bárbaros están a las puertas y que nada los detendrá.

Cuesta creer que algo o alguien contendrá la locura de quien se presenta ante nosotros como “el presidente de la reconstrucción”. Será difícil que alguna visión cambie lo que Piñera piensa y que se refleja en la elección de su equipo de trabajo, que no es más que la clonación de sí mismo. Y puede ser que en la mentalidad de muchos chilenos la solución sea dejar las medias tintas y terminar de administrarnos como un negocio. Ese puede haber sido el sentido del “mandato” entregado al nuevo presidente en la votación obtenida de enero. Pero a propósito de la crisis ha quedado en evidencia el peso de un Estado bancario, que ha fragilizado a la ciudadanía y ha vaciado de sentido la noción misma de derechos.

De Estado bancario hemos tenido mucho durante estos veinte años y sus efectos han quedado dramáticamente puesto en evidencia con el concurso de la naturaleza que desarmó la escenografía. Pero lo aterrador, es que el clamor no sea NO MÁS DE LO MISMO y se reduzca a NO MÁS LOS MISMOS. Pero así están las cosas y me urge no saber de donde sacaremos capacidades políticas y sociales para demostrar que la barbarie del mercado no es otra cosa que el refinamiento de la desigualdad. Que su aparente eficacia en la reconstrucción es la perpetuación de la fragilización social que nos afecta.

¿Cómo actuar cuando la fe flaquea, cuando sentimos que esto es demasiado pero lo peor esta por venir?.

Se cierra el diseño, ni el más fuerte de los golpes de la naturaleza hace retroceder a nuestro Atila. La señal del saqueo que viene ya fue dada por el electo, cuando confirmo el perfil de empresarios y de alcaldes fracasados para dirigir los procesos de reconstrucción. Además de lo sonado de algunos apellidos, resaltan los antecedentes empresariales de las nuevas autoridades regionales, que reiteran el absoluto desprecio por el servicio público del nuevo gobierno, que ya se había expresado en la designación del gabinete. Además las designaciones consagran la impunidad en que quedaran los empresarios a la hora de evaluar las fallas cruzadas que han marcado la respuesta a la tragedia.

Para nosotros la “reconstrucción“ no será fácil. Los espacios de debate público son simplemente claustrofóbicos y el nulo desarrollo de una institucionalidad local, regional y nacional, que haya abierto canales de expresión nos pasará la cuenta. Pero lo que debemos demandar esta claro . Como señala la Asociación Chilena de Organizaciones No Gubernamentales (ACCION) necesitamos controlar y fiscalizar a las autoridades políticas y a las empresas que brindan servicios públicos. Aportar al desarrollo de capacidades de participación y apoyar la reorganización de las comunidades. Todo esto hace necesario apostar por la política y remecer nuestro propio malestar para incidir en el cambio de una clase dirigente que debe renovarse y a la que ni el más fuerte terremoto logra remecer. Para que haya renovación es necesario posibilitar que las creatividades de los jóvenes, que crean organización pero reniegan de la representación o de la disputa por los diferentes niveles de poder, cambien y sientan su posibilidad de incidir en una transformación social profunda.

¿Utópico? claro que sí. Al pragmatismo de los hunos de cuello y corbata hay que oponer capacidad de crear realidades alternativas.

Como dijo alguien momentos antes de entregar su vida: “tengo fe en Chile y su destino”, aunque estemos parados en medio de las ruinas y de los escombros después de 20 años de democracia.

Atila entrará a Roma y ese será el fin de una etapa . Y tarde o temprano algo bueno tendrá que venir. Tenemos esa deuda con nosotros mismos.

Categoría: Opinión

Comenta